Caza Pesca y Recoleccion

En el estudio de la evolución cultural de Asturias, las prácticas de la caza, la pesca y la recolección aparecen en la base de todas sus formas de organización económica y social desde la Prehistoria. Hasta tiempos muy recientes, estas actividades fueron una parte casi vital de la economía familiar de subsistencia, dedicándose muchas veces uno o varios miembros de ésta a cazar animales en el monte o a pescar en el río. Y es que los recursos cinegéticos y fluviales fueron tan abundantes en otras épocas que, en el caso de algunas especies como el jabalí, el lobo, el oso, la garduña, los tejones, las nutrias, los zorros, etc. llegaron a ser consideradas alimañas (el Diccionario-Geográfico Estadístico-Histórico de Pascual Madoz -mediados del siglo XIX- habla de osos en veintiún concejos, y de lobos en todo el territorio, llegando éstos "hasta las playas de Llanes").


Por tanto, la profesión de trampero era bien vista, hasta el punto de que eran recompensados por su labor con cepos y lazos, siendo el arte más espectacular el de los caleyos, chorcos o pozobales para cazar lobos, o el pezugo para cazar osos que cita el Diccionario de Madoz en Armenande (Allande).

Por su topografía, Asturias es un país de ríos trazados de lo más variado; se puede decir que no hay aldea que no tenga río o arroyo que no le sea propio. De ellos se sacaban salmones, truchas de mar (reos), truchas, lampreas, con una rica variedad de artes: desde la caña hasta las masivas de la garrafa, el paradexu y el tresmallu (redes), el refuelle, el ñasu o trullón (nansas), etc., o acudir por la noche a la rellumera con candiles. Los salmones, reyes actuales de nuestros ríos, fueron tan abundantes que se cobraban con las fisgues (tridentes) todas las temporadas, llegando a convocarse huelgas en las obras del ferrocarril a León, a finales del XIX, por estar los obreros "hartos" de comer y cenar salmón.

La recolección de avellanas y nueces, sobre todo, tuvo mucha importancia económica; la mayor parte de la producción era adquirida por mayoristas que recorrían los pueblos para exportarla después a través de los puertos de la costa, principalmente a Inglaterra; las castañas eran destinadas al consumo doméstico; y los montes comunales aprovisionaban de la madera que abastecía a las industrias rústicas, de leña para la casa, y a través del derecho de poznera (los árboles -el vuelo- son propiedad de quien los planta mientras que la tierra -el suelo- sigue siendo de propiedad comunal), del espacio para extender castañares y frutales

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